Los Peregrinos de Marte son un grupo formado por familias españolas con hijas e hijos diagnosticados con discapacidad intelectual, en su mayoría con trastornos del espectro autista (TEA). Este trastorno del neurodesarrollo, que se inicia en la infancia y perdura durante toda la vida, afecta la manera en que estas personas perciben el mundo y se relacionan con los demás. El TEA se manifiesta con un amplio abanico de síntomas, que incluyen dificultades en la interacción social, problemas de comunicación y patrones de conducta repetitivos o restringidos. La gravedad puede ir desde el grado 1 (necesitan algo de ayuda) al grado 3 (requieren ayuda muy notable).
Conscientes de estos retos, las familias de los Peregrinos de Marte no se conforman. Desde hace años organizan una travesía muy especial: recorrer el Camino de Santiago para demostrar que las barreras pueden superarse con esfuerzo colectivo, cariño y compromiso.
Este año 2025, su aventura comenzó el 28 de junio, cuando el grupo viajó en AVE desde Madrid hasta Vigo. Desde allí se lanzaron a una peregrinación en triciclos adaptados gracias al apoyo de la asociación Discamino y de voluntarios que guían el recorrido. Durante cinco jornadas cubrirán cerca de 90 kilómetros, combinando bicicleta y caminata, hasta llegar el 2 de julio a la emblemática Plaza del Obradoiro, a pie, desde Milladoiro. En ese último tramo, caminarán unidos peregrinos, familias y patrocinadores, con la Asociación de Médicos y Médicas Galleg@s (ASOMEGA) al frente.
“No queremos ni podemos hacer solos este camino”, explica Mercedes Ancochea Bermúdez, presidenta de la asociación y madre de Santi, uno de los jóvenes peregrinos. “Queremos que nos acompañéis, que os ilusionéis con nuestros logros y que viváis la magia del Camino con nuestros hijos e hijas. Que seáis parte de este gran proyecto como voluntarios, colaboradores o patrocinadores”.
Durante la ruta, los niños y niñas, muchos de ellos con severas dificultades para comunicarse o mantener el equilibrio, encuentran en cada etapa un motivo para superarse. “La llegada al Obradoiro es el premio a un esfuerzo enorme. Ver su felicidad es la mejor recompensa para las madres y los padres”, destaca Ancochea.
El Camino de Santiago, más que un reto físico, se convierte así en una terapia: los jóvenes ganan libertad y autoestima, las familias refuerzan lazos y la sociedad visibiliza la realidad del autismo. El Dr. Julio Ancochea, presidente de ASOMEGA y tío de Santi, resume el espíritu del proyecto: “La humanización, la solidaridad y la generosidad son valores que nos unen. Este Camino es un compromiso ético con los colectivos que más lo necesitan”.
Gracias al respaldo de entidades como ABANCA, que financia gran parte del evento, y de otros colaboradores, el proyecto no deja de crecer. El objetivo: que el año próximo más familias de Marte puedan unirse a esta experiencia inolvidable que conjuga deporte, superación, unión familiar y el abrazo simbólico del apóstol Santiago.
